Di la tuya, todos tenemos opiniones

martes, 5 de abril de 2011

El proceso del duelo


Toda pérdida produce un dolor. Tanto si perdemos un objeto, como si perdemos un libro que valorábamos, incluso si perdemos un trabajo. Pero sin duda, de todas las perdidas, la más dolorosa es la de un ser querido. Cuando esto sucede, nos decimos o pensamos que el tiempo cura el dolor. Y es cierto, pero para que esto suceda y el dolor sane, debe pasar por diferentes etapas.
La etapa de la negación: Se suele hablar de la persona fallecida como si estuviera viva, son incrédulos a los hechos y niegan tal pensamiento, no puede ser se dicen a ellos mismos. Sería recomendable que en el momento del fallecimiento de la persona se estuviera presente, esto nos permite tomar conciencia de su muerte y evitaríamos la etapa de la negación.
La etapa de la ira: Una vez vamos asimilando el hecho doloroso de la perdida, nos aparece la agresividad, enojo, ira por la disconformidad del hecho. Se puede pasar de momentos de calma, a ataques de llanto, buscando culpables e incluso se culpa al muerto por el abandono. También es una etapa que nos enfadamos con nosotros mismos, por no haber visto lo que iba a suceder y no demostrarle todo el cariño que le profesábamos.
La etapa del aislamiento: Es la etapa más difícil del duelo, la persona cree que no será capaz de superar el dolor, incluso su estado puede ser depresivo. Téngase en cuanta que el duelo suele durar de ocho meses a un año dependiendo de la persona. También es un momento que como pasan mucho tiempo solos, repasan todo lo acontecido, que personas han estado a su lado, que palabras se han utilizado, analizan todos los detalles y como han pasado meses del fallecimiento, notan la falta de apoyo social a su dolor. Y que precisamente en esta etapa, por ser más conscientes es cuando más lo necesitan.
La etapa de la aceptación: El dolor se siente, pero se vive de forma diferente. Retoma el control de su vida, empieza la transformación de “volver a ser” antes de la pérdida. Es una tarea difícil, siempre existirá un antes y un después, y habrá momentos de recaída que nos sentiremos culpables, como si abandonáramos su recuerdo, para seguir con nuestra vida. Y cerrando el círculo la persona empieza a cicatrizar, reconstruyendo el mundo que le rodea, en sus tres dimensiones, realidad, sentido de la vida y personalidad.
Reconstruir una nueva vida excluyendo al ser querido fallecido es aprender a vivir una nueva vida, sabiendo que siempre formara parte de nosotros mismos, pues vivirá en nuestro corazón y que saldrá a luz en celebraciones, como cumpleaños, pascua o Navidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario