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sábado, 24 de diciembre de 2011

El desprecio que me dieron en la tienda de ropa Magda


Siempre he comprado en grandes tiendas o en hipermercados, tanto alimentos como en la ropa, simplemente por comodidad, por tener de todo y mucha variación en poco espacio. Pero en estas Navidades me dije, voy a ser solidaria con el comercio de Cerdanyola, quiero aportar mi granito a los autónomos y trabajadores de mi ciudad.

Quería “algo” para la comida de Navidad, al menos estrenar una prenda que no me costará mucho. Vi un chaleco de punto en un tono gris que me gusto mucho y pensé ideal para la ropa que me voy a poner. Era el miércoles 21, la tienda Magda de la calle San Martí.  La dueña me dijo que ahora no disponía de mi talla, pero que no me preocupara que el jueves, o sea, al día siguiente, lo irían a buscar y que el viernes sin falta lo tendría. Quise confirmar y recalqué, ¿Seguro que el viernes por la tarde lo tendréis?  Sí, si seguro.

El viernes a las cinco de la tarde me fui a la tienda, estaba una empleada que se quedó sin saber muy bien que decir, balbuceaba como a quien cogen “infraganti”, pensé-algo va mal-, me dijo que la dueña no estaba que precisamente se había ido a buscar la ropa en cuestión, que es verdad que tenían pensado ir el día anterior pero se perdió en otra diligencia y no fue. “Me seguía oliendo muy mal” y siguió; “Vaya a dar una vuelta que no tardará en volver”. Me fui a dar una vuelta, que frió que hacía, y dándole vueltas a la cabeza, saber que te están engañando, pero aún mantenía la esperanza  por no parecer mal pensada. Volví al cabo de 45 minutos, estaba la dueña, sentada en el mostrador con la vista bajada en un papel y la dependienta de pie delante de ella.  Ésta le dijo, “Mira esta es la señora que ha venido antes por la prenda de punto”  la dueña tardó treinta segundos en levantar la cabeza, se hicieron largos, muy largos, ya no había sonrisa, ni amabilidad,  una cara inexpresiva o mejor de cinismo cuando al fin me dijo: “No he ido todavía no iré hasta la seis que viene mi marido y no volveré hasta la noche” y volvió la cabeza otra vez, ignorándome. Ni un lo siento, perdone he tenido mucho trabajo, me sabe muy mal etc. aunque fuera mentira, pero ¿ese desprecio a un cliente? Me sentí humillada, no salió de mí ni una palabra, di media vuelta y me fui.

Lo explico porque aún no entiendo ese trato, y si a alguien más le ha pasado, por favor lo cuente, a lo mejor el cinismo de esa mujer es una constante en su vida, no lo sé, pero al menos yo cuento mi historia para que otras futuras clientas sepan como las gastan en esa tienda, sin respeto, sin valorar nuestro tiempo y lo peor sin valorarnos como personas.

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