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jueves, 12 de julio de 2012

¿Eres un fracasado?

Existen unos patrones de comportamiento que se adquieren en la infancia. Algunos de ellos son erróneos o equivocados, se les llama patrones trampa, y que consciente o inconscientemente nos vemos incapaces de modificarlos, haciendo que fracasemos repetidamente en las mismas cosas

Estos patrones de conducta están anclados en nosotros como parte de nuestro cuerpo y nuestros esfuerzos para cambiar nos demuestran la inutilidad en la lucha. El camino más coherente es la sumisión al hecho. El sujeto utiliza frases como: Soy así y no puedo cambiar, he hecho todo lo que podía hacer no puedo hacer más, etc. Este sentimiento de fracaso marca la forma de relacionarnos con los demás y para con nosotros mismos, porque no podemos saborear la vida como merecemos.


¿Que nos impide cambiar?
Puede que tengamos conductas repetitivas de nuestra infancia. Un niño golpeado de pequeño, golpeara de mayor a sus hijos, el hijo de un alcohólico, lo será a su vez de mayor, etc. Suele ocurrir que ciertos comportamientos o actitudes, se transmitan de generación en generación.
Existe en el ser humano dos tendencias: La primera nos impulsa a disfrutar de las cosas cotidianas y que nos produce placer, la segunda a la autodestrucción, es decir, hacer algo que nos hace daño o nos hace sufrir. Nos acostumbramos tanto a sentirnos mal que forma parte de nuestra rutina, el miedo al cambio nos supera y hace que nuestra situación sea estática, viciada.
Mantener una mala relación matrimonial es mejor que no tener ninguna, la incertidumbre del cambio y empezar una nueva vida es para muchos una situación de terror. Para convencerse a sí mismos se aplican el refrán de "Más vale malo conocido que bueno por conocer".



Si centráramos nuestra atención en estos patrones erróneos, podríamos llegar al origen, al inicio que los causa. Nos sorprendería descubrir que muchos están basados en una realidad desvirtuada, cosa que es frecuente en la infancia, época que lo que se ve y aprecia no tiene nada que ver con la realidad. En la infancia la distorsión de la realidad es frecuente.
La superación de estos patrones es por el camino de la reeducación. El individuo debe empezar a ver al mundo con otros ojos, empezar a tener una visión benévola y menos dañina de su entorno. Ver en lugar de mirar, la realidad que le rodea.

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