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martes, 2 de abril de 2013

La duda de la mentira


 
 
Pocas cosas duelen tanto como describir que alguien nos ha mentido. Si además es una persona en la que confiamos y amamos, nos sentimos decepcionados y traicionados, también podríamos añadir humillados y eso nos hace estar furiosos, contra la persona que nos ha mentido y contra nosotros mismos por confiar en la persona equivocada. Por eso la mentira acaba con amistades, matrimonios, compañeros de trabajo y cualquier tipo de relación que se establezca.

 

Nos sentimos desconcertados e incrédulos ante la mentira y siempre nos viene la pregunta ¿por qué? Es posible que descubra una mentira mantenida como cierta durante años, pero como decía el presidente de los EE.UU. Franklin D. Roosevelt, "una mentira no se vuelve verdad por mucho que se repita". Y el tiempo no cura, muy al contrario, agranda el valor de la mentira.

 

Hay quien pretende confundir una mentira piadosa, con estar mintiendo sin razón, es más, hay quien una vez descubierto tiene la osadía de defenderse alegando que era por nuestro bien, para que no sufriéramos. Una mentira es un acto en el que hay un solo responsable; la persona que miente. Y éste solo tiene un objetivo; engañar.

 

Siempre es preferible una verdad aunque duela, porque el dolor pasa, pero la confianza pérdida permanece para siempre.

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